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lunes, 2 de mayo de 2011

Palabras de Ernesto Sábato




"El artista debe ser mezcla de niño, hombre y mujer"


"Yo escribo, porque si no me hubiera muerto, para buscar el sentimiento de la existencia"



"Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse"

"Lo he dicho en otras oportunidades y lo reafirmo: la búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación."

"Siempre de lo bueno viene lo malo, y de lo malo, lo bueno."

"Privar a un niño de su derecho a la educación es amputarlo de esa primera comunidad donde los pueblos van madurando sus utopías."

"Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia."

"Vivir consiste en construir futuros recuerdos."





Imagen del film "Los Sueños"

de Akira Kurosawa




lunes, 4 de abril de 2011

Poesía Amorosa; El Pastel de los Tres Chocolates



En el descanso de nuestro último taller de Arteterapia, mi queridísima Raquel C. nos deleitó con esta joya plagada de sensualidad, deleite y placer. Sería censurable incluso, por mi parte, que tan semejante obra de arte no fuese compartida.


INGREDIENTES




250 g de chocolate negro.
250 g de chocolate con leche. 250 g de chocolate blanco.
750 ml. de nata
750ml. de leche
3 sobres de cuajada
Un paquete de galletas
60 g de mantequilla
150 g de azúcar



PREPARACION



Se trituran las galletas, se añade las mantequilla troceada y un chorrito de leche. Se vierte sobre un molde desmontable, esparciéndola muy bien por toda su base, y se mete en la nevera para que se endurezca.
Se pone el chocolate negro troceado, 75 g de azúcar, 250 ml de leche, 250 ml de nata y un sobre de cuajada en una cazuela sin que supere los 90º dejando que hierva un poco.
Se vierte sobre la base de galletas.
Con los otros dos tipos de chocolate se procede igual, pero con el chocolate blanco no se pone azúcar.
Para poner las diferentes capas hay que esperar a que esté cuajada la anterior (si se mete en la nevera lo hará más rápido)
Una vez puestas todas las capas se mete en la nevera y se deja hasta el día siguiente.

jueves, 27 de enero de 2011

Geshe Tamding Gyatso, el Rayo de Luz




"No sé si realmente estoy beneficiando a la gente, no sé si la gente está recibiendo algo de mí, pero por mi parte mientras esté bien de salud pasaré mi vida así."




Gueshe Tamding Gyatso nació en la provincia de Kham (Tibet), en 1927. Estudió en el gran monasterio de Ganden. Fué monje desde los once años de edad. En 1976 en el exilió pudo completar sus estudios monásticos consiguiendo el titulo de Geshe Larampa.


Fue autor de varios libros publicados por la editorial amara; Senda de Luz, El Yoga del Guru, La Dama del Espacio, La rueda de las armas afiladas…


*****



Conocí a Geshe-la en 1989, cuando en un día cualquiera en el aeropuerto de Sevilla me topé de frente con este curioso monje. Recuerdo que fue como si una descarga eléctrica me atravesara de parte a parte. Se me quedó mirando y me pasó su bastón para que le ayudase.


Desde ese momento una profusa inquietud llenó de curiosidad mi alma. Esperé a que volviese al sur y recuerdo que progresivamente me fue envolviendo en su telar rojo y azafrán, era un ser tremendamente enigmático, sus ropas desgastadas, su mirada atemporal; dándome la sensación de un Shamán de estos que se cuentan en los libros de Castaneda. Por entonces tenía yo los 27 años de edad, era joven, con unas ganas tremendas de devorar la vida y todo cuanto se pusiese por delante. Me hice su discípulo, bebí de su fuente, aprendí el arte de dibujar mandalas, la meditación, el ser mejor persona, tantra, mantras y que se yo que más cosas. De eso hace ya bastante tiempo.


Geshe-la fue un hombre singular, un ser extraño en un mundo insólito. Puede que no estuviésemos a su altura. Si, muchas veces pienso que no estábamos a su altura, la neurosis colectiva nos roía por dentro. Y esto era el devenir de un centro budista o de Dharma en este país.


Los finales siempre son tristes, unas veces porque se termina algo que no deseamos que suceda (la mayoría de las veces) y otras porque ese final nos da con las puertas en las narices. Con la posibilidad del cambio, de reconvertir por nosotros mismos lo que nos fue dado. Y eso da mucho coraje, el que se termine todo sin posibilidad de enmienda.


Y pienso que los sucesos que han marcado a uno es mejor describirlos desde una lejanía larga, cuando ya no queda la emoción que aprieta la garganta. Los sucesos que le suceden a uno y dejan huella, conviene relatarlos, escribirlos, darles de alguna u otra manera forma. Porque siempre traen limpieza, porque purifican llevándose la escoria, las malas impresiones.


Geshe-la fue un ser único, que mientras estuvo en mi vida me iluminó como una lámpara de cristal limpio, y hay tan solo quiero honrar su recuerdo; para eso están definidas estas páginas para sanar trozos de mi historia, para encontrar cuanto de bueno hay en la tierra, mi tierra.


Geshe Tamding Gyatso fue un ser hermoso, mágico, sin igual, sin límites. Un padre proyectado sin duda. Un magnifico humano que mantuvo su vida alrededor de cuanto creía que era meritorio, por eso no se le puede achacar nada, tan solo de vez en cuando rescatar su esencia, su compañía. Hubo situaciones que no compartimos, dudas, recelos, todo lo que conlleva el contacto y la confrontación. Por entonces yo no entendía que ese era el juego, que en eso consiste el juego de la humanidad. Quien piense que se puede vivir envuelto en una paz eterna es y será un desdichado inadaptado. Pero eso se sabe ahora que han pasado muchos años y ya no se puede dar marcha atrás.

Se marchó; partió y la vida continuo pasando. Dejó su cuerpo, puede que haya vuelto a la vida según cuentan las enseñanzas tibetanas. Girando la rueda eterna del Sansara, enseñando acompañando; mostrando por siempre que hay otra vida digna de ser sentida.

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