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domingo, 27 de marzo de 2011

Martín Ramírez; La Historia




"La tentación de ver obras de Ramírez es un ejemplo más del arte de los piscóticos, estos dibujos no hacen pensar en los cuatro muros que estaba encerrado, ni en las galerías de las paranoias. Estos dibujos son resurrecciones del mundo perdido de su pasado y son caminos secretos para llegar a otro lugar, desconocido para nosotros".


Octavio Paz
*****



Nació el 31 de Marzo de 1985 a las dos de la mañana, en Tepatitlán, Jalisco, Mexico.


Hijo de Jornaleros, se casó en 1918 con María Santa Ana Navarro, trasladándose al municipio de Tototlán con la intención de comenzar una nueva vida junto a María. Allí nacieron las tres hijas fruto del matrimonio; Teofila, Agustina y Juana. En 1924 Martín regresó a su ciudad natal, comprando veinte hectáreas de tierra; las cuales incluía una pequeña casa de adobe y una huerta.

Sin embargo las cosas no debieron de ir todo lo bien que quisiera, pues Martín decidió emigrar a Estados Unidos con la finalidad de sufragar la deuda contraída por la compra de las tierras y aumentar la productividad de la misma.


A principio de Septiembre de 1925 cruzó por El Paso hacia Estados Unidos, siendo contratado para trabajar en los ferrocarriles y posteriormente en unas minas en California.


Cinco meses habían pasado cuando recibió la noticia del nacimiento de su hijo varón llamado Candelario, el cual solo lo conocería a través de una fotografía enviada por su hermano Anastasio.





En 1926 estalla en México una guerra religiosa llamada Cristera, (también conocida como Guerra de los Cristeros o Cristiada) consistió en un conflicto armado que se prolongó desde 1926 a 1929, entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos que resintieron la aplicación de legislación y políticas públicas orientadas a restringir la autonomía de la Iglesia católica.


El centro de la guerra estuvo ubicado precisamente en el municipio de Tepatitlán. Siendo advertido por su hermano de la imposibilidad de volver a su país; ya que todos los hombres eran participantes en la batalla, sin posibilidad de neutralidad alguna.


El campo quedó abandonado en México durante la guerra, la producción agrícola quedó paralizada. Martín quedó desahuciado de su propio país. Para colmo de males en 1929 se inicia La Gran Depresión en Norteamérica. Ramírez recibe una carta de su hermano que le informa de la destrucción de su propiedad y la muerte de sus animales. El gobierno de California con el fin de reservar los pocos empleos que se ofertaban a los estadounidenses blancos; decide expulsar del país a todo aquel que tenga aspecto mexicano.


En 1930 todos sus compañeros regresan a México, pero él comunica a su hermano que jamás volverá a casa, que se haga cargo de sus hijos. En 1931 fue detenido por la policía vagando por Los Ángeles, al encontrarse este en un estado emocionalmente violento, destructivo y peligroso. Siendo Trasladado a Stockton e internado en el hospital para enfermos mentales más antiguo de California. Fue diagnosticado con depresión crónica.



En 1935, comenzó a dibujar, tras producirse su tercer intento fallido de escapar del psiquiátrico y la imposibilidad de comunicarse, ya que nunca consiguió aprender el idioma inglés. En este hospital asistía una vez por semana a un taller de cerámica dirigido por Marie DeShene, una artista y ceramista a cargo del programa de terapia ocupacional. También tuvo contacto con otros internos que producían arte, incluida una paciente que pintaba retratos.


Pasamos quince años después, es decir en 1948. Ramírez había vivido hacinado, durmiendo en el suelo en Stockton, con mala alimentación y pésima higiene. Se traslada al hospital DeWitt. Según se cuenta Ramírez nunca accedía a realizar las tareas de limpieza que les correspondían a los pacientes. Su tiempo lo pasaba constantemente fumando y produciendo arte.


En 1950, el caso de Martín Ramírez cruza los confines del hospital, la noticia de sus misteriosos dibujos llegó hasta algunos artistas; entre ellos Wayne Thiebaud, uno de los principales exponentes de Art Pop. Quedando este fuertemente impresionado por la manera en que Martín empastaba las líneas de sus dibujos, la calidad de los mismos a pesar de lo limitado de sus materiales artísticos.


Inspirado por un impulso desesperado por mantener vivos sus recuerdos sobre México, eligió el lenguaje visual como el único medio a su alcance para comunicar su experiencia de emigrante y su tragedia personal.


Nunca se supo que cantidad exacta produjo Ramírez ya que la mayoría fue destruida por el personal de los hospitales donde estuvo. La casi totalidad de los dibujos expuestos en los museos de Estados Unidos, Europa, México y Japón provienen de la colección de Tarmo Pasto, pintor y profesor de arte y de psicología, que proporcionara a Martín rollos de papel, lápices y carboncillos para que se mantuviera dibujando. Don Birrell, diseñador visual y director de la galería de arte Crocker en Sacramento, fue uno de los primeros en reconocer la calidad  de“tan misteriosa obra”.




En 1951 tuvo su primera exposición individual, atrayendo el interés del público y de la comunidad artística de sacramento.


En 1952 recibe la visita de su sobrino José Gómez, habían pasado veintisiete años desde que salió de México, reafirmando su deseo de no volver jamás a su hogar.


Las últimas palabras dichas a su sobrino, cuando este le pidió un mensaje para su esposa, marcaron profundamente a sus familiares:

“Dile a Anita que allá nos vamos a ver, en el valle de Josafat”


En 1954 Alfred Newmeyer organizó la más importante exposición individual en vida del artista, en el Colegio Mills; donde habían expuesto Picasso, Chagall, y Matisse. Siendo bautizado entre la comunidad artística como el Henri Rousseau mexicano.


En 1963 el 12 de febrero fallece de una pulmonía en el hospital donde había estado recluido los últimos dieciocho años de su vida.





martes, 22 de marzo de 2011

El Sueño de Martín Ramírez



"La pintura es materia encantada"

Apollinaire




La imperiosa necesidad creativa de Martín Ramírez le empujaba a diario, como cualquier madrugada de 1940; a incorporarse de forma cautelosa y reservada, a recorrer en la oscuridad los largos pasillos del hospital DeWitt en Auburn, sede del condado de Placer County en California.
Hacía mucho que se habían apagado las luces del pabellón, allá sobre las ocho de la noche, pero el impulso transformador del genio hace imposible un descanso o tregua alguna. Se trata de una fuerza vital que nace bien sabe de donde, es invisible, decía Antonio Blay.

Energía naciente de una fuerza primaria que nos conecta con eso que los orientales llaman prajna, que en palabras del Dalai Lama: “Esa esencia indestructible es la energía de la gran alegría; se extiende por todos lados, como el espacio; es el cuerpo de la no permanencia…”


El caso, dejándome de misticismos orientales, es que Don Martín Ramírez hurgaba entre la basura, buscando papeles, trozos de cartón, cartulina, impresos… un soporte digno para poder expresar, comunicar, huir, escapar… y ese acto que tanto me recuerda a los últimos días de Odilon Redón, donde suplicaba por los mercados de frutas parisinos por un poco de papel de embalaje con que dar testimonio de su poderosa expresión.


...Una vez gestionado el material, (Memorandos, sobres, cartas, vasos de papel aplanados, hojas de revistas, periódicos, libros…) pegaba los trozos que conformaría la obra con una goma o adhesivo que el mismo elaboraba y que según se cuenta se componía esta de patatas, migas de pan, avena... todo ello mezclado con saliva o mocos del autor.


Obviamente todo cuanto cayera en sus manos se convertía en material digno, pues en el Hospital DeWitt no existían demasiadas posibilidades creadoras y el poco material aportado por el mismo, se mantenía en las dependencias de la ceramista Marie DeShene; encargada del área ocupacional del hospital.


Un espectáculo en la madrugada, sin duda, el presenciar la imperiosa necesidad de Don Martín por dibujar, trazar, crear, establecer.

Sobrevivir al silencio, a ese vacío que marca la ausencia de disputa, confrontación, discurso o platica verbal, como diría Baudelaire; “Lo imprevisible convertido en necesidad”

Sobre los materiales o tintas diré que los montaba con lo que le venía de paso; algunas acuarelas, lápices de colores, tintes de zapatos y jugo extraído de alguna fruta… Concluyendo todo ello en una pasta grasienta a la que añadía avena.


De los pinceles; pues que los confeccionaba imaginativamente, transformando asombrosamente los palillos de fósforos usados.


Dada las grandes dimensiones de su obra trabajaba directamente sobre el suelo, en cuclillas, en la posición usual que adoptan los hombres de campo mexicanos mientras conversan o sencillamente se echan un cigarrillo. De vez en cuando y para poder apreciar en lejana perspectiva su obra, se subía sobre una mesa y desde allí observaba la evolución del trabajo.


Durante el día nos contaron que se fabricaba un refugio bajo las mesas para huir o mantener un espacio creador necesario, alejado de sus convecinos y delirantes acompañantes.

La originalidad de su técnica, su brutal capacidad productora y lo misterioso de todo lo que envolvía el asunto atrajo el interés del personal del hospital. Doctores y enfermeros almorzaban en el pabellón con la única intención de poder verlo trabajar.


La fama de Don Martín Ramírez cruzó la frontera del hospital, la noticia del misterioso pintor mudo llegó hasta los profesores y estudiantes de la Universidad de Arte de Sacramento. Y muchos artistas quedaron impresionados por el espectáculo que Ramírez ofrecía, por la manera que empastaba sus dibujos, por lo limitado de sus materiales, por el clima de demencia que envolvía la realidad, de todo cuanto le rodeaba, por el concierto creativo que ofrecía un demente anónimo, un habitante de una tierra de nadie.

 


¿En que mundo habitaba Don Martín Ramírez? ¿Hacia dónde llevaban sus túneles?

¿Una frontera?  

Si, pero...

¿Hacia donde?





Termino hoy con palabras de Antonio Blay:



"Energía para mantener el contacto con el SER siempre…"





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