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lunes, 22 de noviembre de 2010

Arteterapia; La Medicina más Bella del Mundo


ARTETERAPIA

LA MEDICINA MÁS BELLA DEL MUNDO




Dedicado a mi amiga Laurence (Lau) para que sane



“El arte es un acto por el que uno transcribe y transporta la materia”


Pintada sobre una pared en la Rue de la Villette (Paris)



*****

Sanar desde la expresión artística, atreverse a experimentar con las manos, con la mirada, con la piel, con los colores, con la música, con todo el cuerpo.

Poner todo lo que se lleva dentro; las luces y las sombras, el pasado y el presente.
Dejar de lado el mundo, introducirse en las entrañas del alma.

Desenmarañar, doblegar, reír, llorar, vencerse uno a sí mismo, dejar fluir lo que venga sin temores, sin presagios, ni desafíos.

Estar todo o toda allí en una sala que es la vía Láctea entera, dejarse navegar por nuevo mundo, dejarse llevar por las aguas de lo desconocido, dejarse explorar, dejar que emerjan nuestras proyecciones, nuestras bellezas y censuras.

Lo artístico toma forma alimentándose de nuestro propios sustratos, de nuestros enemas, irradiaciones; y es entonces cuando lo exquisito se torna en medicina, como si todos los poderes antiguos de yaquis, lakotas y viejos shamanes vinieran de repente golpeándole a uno, sin apenas darse cuenta...

Los pinceles y tubos de colores, la arcilla, agujas hilos, papeles, fotogramas se tornan en las "viejas abuelas" de las leyendas indias; otorgándonos el acto primigenio sanador, ese de que tanto se hablan en los cuentos y epopeyas de la humanidad.

No cabe la menor duda de que la arteterapia bien llevada es capaz de transformar lo más estático en un sutil movimiento. Capaz de otorgarnos la luz cuando nos encontramos a ciegas como el fariseo del templo, una impronta, manifestación o testimonio que revela lo que no estaba y, paradoja, lo que siempre había estado allí.

El terapeuta no está, nada está; tan solo la obra que ha surgido de nadie sabe donde, de los recónditos rincones del un alma herida y mal curada. La obra que es producto de uno mismo, la obra que da vueltas, la obra que hace temblar cada miembros del cuerpo, la obra que me excita, la obra que me recuerda, la obra que me higieniza.

Ese es el acto sagrado, cuando los tambores golpean sonando y una danza tan antigua como la tierra nos devuelve al principio, mucho antes de haber sido gestados, es decir; llamados a la vida y es cuando entonces se tiene la sensación por unos brevísimas dosis de intervalos de tiempo de que todo es universal, de que se carece de divisibilidad.

Ese es el poder del arte; de la medicina sanadora vieja y novísima. Tan antigua como el hombre tan sabia y luminosa como la luz de las estrellas.






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