Humanismo y Espiritualidad



"Antes quiero señalar que también la educación necesita volver
a ocuparse de la dimensión profunda del ser humano.
Esta dimensión profunda es lo espiritual."



Las primeras escuelas en nuestra cultura (y con "nuestra cultura" me refiero a la civilización cristiana occidental) surgieron en la Edad Media en torno a las iglesias, y las primeras universidades en torno a las catedrales. Las escuelas se se orientaban sobre todo a que el individuo recibiese una influencia que le hiciera mejor persona, lo que en el cristianismo antiguo se interpretaba obviamente como ser mejor cristiano.


Ser mejor persona entonces era alguien que siguiese un camino de amor y buscar la servir la voluntad de Dios en tanto que combate sus excesos egoístas. Pero con el paso del tiempo, la religión se fue transformando más y más en algo contaminado por el mundo, en un sistema de poder patriarcal, como todas las demás instituciones. Y cuando llegó el Renacimiento, con la gente ya bastante harta de los excesos del cristianismo, surgió un hambre de saber y un deseo de recuperar el nexo con el espíritu de la cultura greco-romana, eclipcada durante los siglos más recientes.


Así surgió el Humanismo, que fué una gran inspiración para muchos. Hubo gente como Erasmo, y antes que él Picco de la Mirandola, Marsilio Ficcino y otros, en la gran cultura florentina que inspiraron un re-descubrimiento de la antiguedad, con lo que volvimos a estudiar los clásicos con el deseo de entender  la sabiduría de los viejos filósofos y literatos; entender tanta cosas que habían sabido los antiguos y que habían sido olvidadas o dejadas por una cultura demasiado austera en su deseo de alejarse del mundo.

Entonces surgió una educación muy rica que se integraba por primera vez el legado de dos civilizaciones, de las cuales la nuestra es heredera, la judeo-cristiana y la greco-romana. Pero esta educación también fue decayendo, se fue transformando en una cosa inerte y repetitiva, en un lujo, en un adorno, en algo encaminado al prestigio de la cultura, como típicamente en la educación de un gentleman - la educación de los caballeros - vanidad en último término. Y así, poco a poco, la gente llegó a estar más interesada en leer latín y griego que en poder absorver la sabiduría de los antiguos.


La educación se transformó nuevamente al llegar la Revolución Francesa en un momento que coincidió con un apogeo de la ciencia en la cultura. La ciencia experimental había tenido un tiempo de incubación desde Bacon, y los que llegaron al poder con la Revolución Francesa, en aquel momento con una gran capacidad de hacer cosas radicalmente diferentes, llamaron a las escuelas a personas que no tenían experiencia en enseñar pero sí sabían química, sabían paleontología, sabían biología. llamaron a gente de la escuela de Cruvier, de la escuela de Laplace, etc.


A medida que las ciencias entraron en el currículum, las humanidades perdieron peso. Hacía falta, hasta cierto punto, pues como tenemos dos cerebros, izquierdo y derecho con funciones predominantemente analíticas y sintéticas respectivamente, se puede concebir como deseable un equlibrio entre lo científico y las humanidades. Pero, de acuerdo al espíritu de la cultura circundante (es decir al mundo tecnológico, con su fe en el progreso científico y su implícita educación que iguala a éste con el bien futuro del mundo) el énfasis se ha desplazado hacia lo científico, y es esto lo que piden los bancos a los gobiernos cuando financias mejoras.


Y llega en la historia de la educación el momento en que se produce la separación de Estado e Iglesia: una gran liberación en vista del actor limitante del poder eclesiástico en ese momento; la idea de la espiritualidad había estado tan unida a través de los siglos con la iglesia cristiana, que no se concebía otra educación espiritual que las antigua clases de religión.


Pero esta idea no es cierta. Tenemos a nuestra disposición un vasto legado espiritual procedente de todos los tiempos y lugares. Debemos aspirar a una cultura universal en la que ha de destacarse el mensaje de los grandes genios espirituales, los fundadores de las religiones, los grandes mensajeros, los grandes inspirados, los grandes profetas de todas las culturas, pues ellos han sido los grandes enseñantes, y una educación sensata tiene que hacer mucho más que informar de guerras y combates.


Hubo otros tiempos de traer la psicoterapia a la escuela en la década de los 60 y yo fui testigo de ello en los Estados Unidos porque me tocó ser parte de ese movimiento Humanista. Hubo entusiastas que llevaron los grupos de encuentros Rogerianos o el "sentivity training", a las escuelas, pero los resultados tampoco fueron convincentes: Se abrían más problemas de los que se cerraban y algunas personas se interesaban mucho mientras que otras resultaban heridas o se mostraban antagónicos.


Yo diría que de estos intentos de traer lo psicológico en forma prematura a la educación, se produjo una reacción de decepción, desconfianza y rechazo frente a nuevos intentos. Ahora tenemos mejores medios y recursos, pero todavía no ha llegado a los educadores, ni siquiera a las universidades, porqué estas llegan realmente tarde y hay cosas que se descubren más fuera de la universidad que dentro de ella.


Claudio Naranjo

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