Aunque por amor se inclinara hacia mí
desde su trono excelso
la luna de la noche oscura, nadie,
excepto tú podría seducirme.
¡La paz sea contigo¡ mientras dure este amor
que nosotros ocultamos y que él nos revela¡
Ibn Zaydun
Año 987, Califato de Córdoba.
Han pasado una eternidad y mis recuerdos disienten en contenidos. Más constantemente me pregunto... mientras percibo en la lejanía un difuminado horizonte, con la única esperanza de que los tiempos perdidos certifiquen realidades.
Hace mucho tiempo de esto... todo comenzó antes, mucho antes de la muerte del Nasir Abderramán III. Más sucediera que el amor de mi vida el príncipe, mi príncipe Al-Hakem, fuera elevado al trono como Califa de la más gloriosa corte de la tierra en un día lluvioso de otoño, sucedió todo ello en el palacio de Medina Azahara en Córdoba.
Han pasado una eternidad y mis recuerdos disienten en contenidos. Más constantemente me pregunto... mientras percibo en la lejanía un difuminado horizonte, con la única esperanza de que los tiempos perdidos certifiquen realidades.
¿Puede alguien nutrirse de una ilusión ya sucedida...?
¿Se puede vivir eternamente retirada en el recuerdo de la luz, la caricia y los aromas?.
Hace mucho tiempo de esto... todo comenzó antes, mucho antes de la muerte del Nasir Abderramán III. Más sucediera que el amor de mi vida el príncipe, mi príncipe Al-Hakem, fuera elevado al trono como Califa de la más gloriosa corte de la tierra en un día lluvioso de otoño, sucedió todo ello en el palacio de Medina Azahara en Córdoba.
Su hijo y mi amante ...
Y fue mi amor además de hermoso y cuidado, un príncipe doctísimo y apasionado por las ciencias, las letras y las artes. Cuyos libros más preciosos coleccionaba con afán y esmero, haciéndolos traer a toda costa de Persia, Siria, Arabia, Egipto y África. Y así llegó a conformar la más grande biblioteca de su tiempo en Merwan, "el palacio". Más de cuatrocientos mil volúmenes procedentes en su mayoría de Bagdad y Damasco se clasificaban y reclasificaban constantemente; llegó a pagar mil monedas de oro por un libro de poesía del gran Abu'l-Faraj al-Isfahani.
Llevó su pasión por el arte a tal extremo mi príncipe que Merwan se convirtiera en hospedería constante de los mejores pendonistas, miniaturistas y encuadernadores de su tiempo. La hermosura de los papiros y el olor a tinta recorría el palacio. Más algunas veces reconozco que el aroma de las flores de Medina me llamaba escabulliéndome y buscando refugio entre las soledades de los balcones y las enredaderas.
Llevó su pasión por el arte a tal extremo mi príncipe que Merwan se convirtiera en hospedería constante de los mejores pendonistas, miniaturistas y encuadernadores de su tiempo. La hermosura de los papiros y el olor a tinta recorría el palacio. Más algunas veces reconozco que el aroma de las flores de Medina me llamaba escabulliéndome y buscando refugio entre las soledades de los balcones y las enredaderas.
Aquel sueño duró 15 años, aquella dicha supuso la gloria, la evocación más hermosa y plena que mujer alguna pudiese albergar.
La ciudad de Córdoba contaba entonces con más de doscientas mil casas, seiscientas mezquitas con sus respectivas escuelas infantiles, ochenta escuelas de enseñanza superior, novecientos baños públicos y cincuenta hospicios. Se explotaban minas, piedras preciosas, oro, plata, azogue, cobre, hierro, plomo; pescándose coral en las costas de Andalucía y perlas traídas de Tarragona. Toda Córdoba era plenitud, encanto y alegría
La ciudad de Córdoba contaba entonces con más de doscientas mil casas, seiscientas mezquitas con sus respectivas escuelas infantiles, ochenta escuelas de enseñanza superior, novecientos baños públicos y cincuenta hospicios. Se explotaban minas, piedras preciosas, oro, plata, azogue, cobre, hierro, plomo; pescándose coral en las costas de Andalucía y perlas traídas de Tarragona. Toda Córdoba era plenitud, encanto y alegría
Y hubo un canto entonces que se entonaba así;
“Las espadas y las lanzas, se convirtieron en azadas y rejas de arado….
hasta los más engreídos y encumbrados nobles competían por el jardín o la huerta y no menos guerreros de ilustres y cruentas batallas se convirtieran como por arte de magia en campesinado”
hasta los más engreídos y encumbrados nobles competían por el jardín o la huerta y no menos guerreros de ilustres y cruentas batallas se convirtieran como por arte de magia en campesinado”
Su esposa fuera la más grande enemiga pública y no pública que hube de combatir; la sultana Sohbeya de una belleza inconmensurable, pero de reducida intelectualidad y conocimiento. Cuya única ventaja sobre mi persona fuera el haber otorgado un hijo al príncipe; ¡Ay! el malogrado Hixem.
Fui consejera, amante y secretaria personal del príncipe, intenté pues ser la más grande en hermosura y saberes. Pues la poesía, la aritmética, la gramática eran menesteres de obligada forma para el convivir entre la realeza de mi añorado mundo andalusí.
Amaba también con fervor a Fatima, mi ayudante y colaboradora; la más grande ilustradora de nuestro tiempo. Menuda, morena, de agraciadas formas y caligrafía exquisita, la cual siempre me alimentaba de historias tiernas y amorosas entre almohadones y estrellas. Hija de un trabajador doméstico de la casa del Califa Ayja, cuya aura poética la predestinara desde el nacimiento.
Estaba también Rhadia conocida como "La Estrella Feliz”, la admiración y envidia de todo el Oriente. Ella era mujer de mucho mundo a diferencia de nosotras, y en las noches de verano desde los balcones de Medina pasábamos horas y horas envueltas entre el hechizo y el deleite de su voz.
Ese era mi mundo, mi vida; el pasear, cuidar de cuanto rodeaba a mi Príncipe, inspeccionar el trabajo que se producía en los arrabales. Donde cientos de mujeres copistas se entregaban en acto devocional del traslado y cuido de la tinta al pergamino. La belleza de la escribanía, dedicadas por entero al cultivo de lo bello, de los ángulos, colores y curvas.
Más todo sueño tiene un despertar.
Sufrió mi príncipe un ataque de hemiplejía y ni los más insignes doctores pudieron hacer nada por impedir el fatal desenlace.
Y se sabe que toda creación tiene un límite y que el mundo debe continuar su paso, el círculo debe de rotar. La barbarie llamaba a la puerta de Merwan, mi príncipe jovial olvidó que somos mortales; tan entusiasmado estaba en su mundo, que no predijera un digno sucesor del reino.
Le sucediera en el trono su hijo Hixem con tan solo once años de edad. Y la batalla se desató entre los podridos enuncos que constantemente difamaban y ensombrecían la corte. Nadie pudo detener al nefasto Almanzor que encubriéndose en Hixen se nombrara consejero directo. Asumiendo así todo el poder del califato.
Y donde habitaba la flor, habitó la espada. Donde el murmullo y los versos empañaba el aire, el grito de guerra volviera a nuestras tierras y fronteras. Los libros y saberes que con tanto afán elevamos sirvieron para sufragar los primeros gastos del combate.
Mi biblioteca... todo el califato fue usurpado y como una enfermedad contagiosa se desató la intolerancia y el fanatismo que progesivamente fuera en aumento. Las obras del saber humano fallecieron una noche de verano en una plaza cordobesa. Festejandose ello por los desleales a la ciencia y al conocimiento alrededor de una gran hoguera de daño, donde se consumó la quema y la destrucción de lo que tan afanosamente habíamos salvado.
Más Sevilla tampoco fuera recurso de escape para la sabiduría, pues aquellos ejemplares que pudimos salvar "in extremis" de la barbarie, encontraron un similar final en una plaza sevillana.
Rhadia "la estrella feliz" marchó para el Oriente donde su luz y palabra pudiera continuar alumbrando el mundo. Su exilio nos dejó con carencias de esperanzas y alegrías.
Fatima mi único consuelo, volvió a la casa de Ayja buscando el recurso del amparo y los felices recuerdos de la infancia.
Y la amante sin lugar, ni un sitio para oponerse o gritar; enmudeció para siempre. Y me mantuve anónima para el resto de mi vida refugiada en un palacio de Carmona, sin el calor de mi príncipe ni el susurro aromático de la caricia de Fátima.
Y todas las noches me pregunto desde la lejanía, bajo una vieja puerta de otro imperio caído;
El dolor es inmenso ahora para quien conociera los cielos, el éxtasis y la gloria.
Retiro y olvido para quien pervive eternamente desposeída en una fría roca sobre la tierra.
¿Dónde quedó la lejana Córdoba?
¿Hacia donde marcharon los perfumes de Medina y los cantos del príncipe, mi amante?
El dolor es inmenso ahora para quien conociera los cielos, el éxtasis y la gloria.
Retiro y olvido para quien pervive eternamente desposeída en una fría roca sobre la tierra.
Escrito en Carmona el 28 de febrero del 2012, con motivo de la conmemoración del día de Andalucía.
unacasaenelarbol@hotmail.com

Es una preciosidad de relato. Has descrito el paraiso, sin duda. Arte, cultura, aromas, respeto... un deleite para todos los sentidos.
ResponderSuprimirComo siempre, un placer pasarme por tu casa del arbol.
Un abrazo.
Sandra.