jueves, 7 de julio de 2011

Paul Gauguin y el Último Viaje





Mi último viaje, apenas me queda tiempo; dibujo corceles que cruzan el arenal.

Ya no queda nada de mí en Punaania, quiero huir lejos, quiero ocultarme de todos; gritar, agonizar en medio del bosque en Hiva - Do.

Han tomado Tahití, los hombres enfermos y malvados de San Francisco contaminarán lo poco que queda de verdadero entre mis nativos y por mi parte… ni siquiera valgo para matarme. Lo he intentado con arsénico y como siempre he sido dado a los accesos, tomé tanto arsénico que me embriagué de él.

El dolor me puede, mi cuerpo ya no da para mucho más.

Me viene el tiempo pasado en París sus noches y sus calles, el café Voltaire, Meyer mi poeta, Mallarmé, Schuffeeenecker, me viene el sentimental Van Gogh y hasta el viejo Cezanne; que ahora a punto de partir he descubierto que no éramos tan diferentes.

Aquí en Hiva Do, en las islas marquesas y junto a María – Rose transito el término de mis días. Mi pierna pudre mi cuerpo, lo corroe. Aunque tengo la sensación que también carcome mi alma.

Me he permitido desafiar a cuantos he conocido, al mundo entero. ¿Por qué no, manifestarlo? Es hora de detenerse; no me dejan en paz, he de pagar deudas y más deudas contraídas. ¿Por qué demonios no me dejan en paz? ¿Cómo pretenden que un espíritu salvaje y bárbaro comulgue con los mansos, dóciles y pedigüeños?
Nunca me arrodillaré ante el misionero que infecta con sus creencias a los nobles nativos de corazón puro.

Dejadme ser un salvaje, dejadme pues ser nativo.

Lo he buscado durante toda mi vida; esta escapada hacia lo salvaje o lo originario.

Lo había buscado como una predicción, entre horizontes y fronteras. El viaje hacia el lo desconocido, el viaje hacia mí mismo; ese anónimo tan inexplorado.

No pude evitarlo, nací ya maldito y con una condenación sobre los hombros.

¿Cuándo comienza todo?




El día en que nací; un 7 de julio de 1848 en París.

Con apenas un año de edad; mi primera huida. Marché con mi familia al lejano Perú. Ante el regreso de Louis Napoleón y con el peligro que ello conllevaba para una familia republicana como la mía.

Más tarde me acogió la ciudad de Orleáns, en la casa de tío Isidoro

Ya un mozo, embarqué como grumete en el Lusitana y luego un poco más tarde como alférez, en el Chili donde recorrí el mundo entero; eso pasó por 1868.

Luego intenté hacerme domesticable, la fiera que habitara en mí se apaciguó. Me casé con Mette Sophie y el nacimiento de mi hija Aline casi lo consigue, pues me hice un hombre casi social. La bestia no durmió y a veces su ímpetu lo arrastraba todo, llevándose consigo aquellos años de intento de no-ser en Copenhague.

Pienso que mi primer paraíso se gestó en 1886. En la pensión de Madame Gloanec en la Bretaña, en la pequeña aldea de Pont – Aven. Justo al devolver el único lazo que me mantenía con lo civilizado; mi hijo Clovis. 
Jóvenes artistas inquietos e inconformitas me buscaban y admiraban, me sentía el hombre más importante del mundo. Allí junto a Bernard Laval y el bueno de Meyer de Han fundamos el llamado “simbolismo sintético” que tiempos aquellos…

Panamá fuera mi siguiente huida, junto al amigo Laval trabajamos en la construcción del gran canal. Y cuando mas exhausto estábamos escapamos a la isla de la Martinique, colonia francesa en el caribe. Los excesos nos hicieron enfermar, al final regresamos a París.

El siguiente episodio de huída o encuentro se configura en Arles en casa de Van Gogh en la Provenza donde pasé varios meses junto al más loco de los locos.




En la noche del 4 de abril de 1891 me marché de París rumbo a Tahití. Dejé constancia con la publicación de mi libro Noa Noa (Tierra Gigante) de mis compendios filosóficos y pensamientos por aquellos años.
En esta primera estancia me instalé en una cabaña en el distrito selvático de Matacía, en Papeote, allí conocí a la hermosa y única Tehura; que adoraba a un dios de los muertos llamado Yupapau. Amaba yo como un endemoniado y en las largas noches, nativas Tahitianas cercaban mi lecho seduciéndome hasta la extenuación.

Dos años después, en 1893 regresé a París y tomé como amante a Annah una víbora de la isla de Java. Después de una larga lista de incidentes y vicisitudes; ofuscado, abandoné definitivamente Europa para no volver jamás.

En el 3 de abril de 1895 volví a mis islas;  instalándome en este segundo viaje en una cabaña en Punoania, pasando mi tiempo entre depresiones y enfermedades. La muerte de mi hija Aline me transformó haciéndome reconsiderar.


¿De donde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Hacia donde vamos?

Las Marquesas; una isla en el fin del mundo infectada por los misioneros, he llegado tarde.

Bosque de Hiva- Do


Mi último viaje, apenas queda tiempo; corceles en la playa…






3 comentarios:

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  2. ¡Hola Ricardo!
    Una vida llena de matices, aun en su desesperado final.

    Saludos de J.M. Ojeda.
    Buen fin de semana.

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  3. Ricardo, vuelvo para pedirte que tus letras sean conocidas, escribes muy bien, con talento pero no te has dado a conocer.
    En mi perfil tienes mi correo, puedo ayudarte si lo quieres. Espero tu respuesta
    Sor.Cecilia

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