martes, 19 de abril de 2011

Odilón Redón; Los Ojos Cerrados




                                                            - ¡Déjame entrar, déjame entrar!                                                                -
¿Quién eres? – pregunté pugnando por soltarme.
- Catalina Lintón – contestó, temblorosa-.
Me había perdido en los pantanos, y vuelvo ahora a casa.


De Emily Brontë
En Cumbres Borrascosas


*****

Mi padre siempre me producía temblor, era un ser alejado, soberbio y arrogante. Eso sí muy independiente, nunca sabía uno en que pensaba. Mí padre era colono, tenía tierras y comerciaba con los negros.
Pero también mi padre me decía con frecuencia, o por lo menos eso se me quedó a mí grabado; -

¿Ves esas nubes? ¿Distingues como yo esas formas cambiantes?

Y recuerdo que me hacía mirar el cielo, ese cielo mutable y en el veía formas tornadizas, versátiles; seres extraordinarios, quiméricos y maravillosos… Eso me llegó a justificarme ante él... pues debiera ser hombre de gran ternura, bajo esa apariencia de hombre rígido y severo. En 1868 me llegó una carta de él, que terminaba así;

“Tu padre que siempre te quiere, aunque no te lo exprese”

Me imaginé haber nacido en el mar y es que… el viaje de mis padres de vuelta de América para Francia, donde por cierto yo ya habitaba en el vientre de mi madre, marcó el inconsciente, mi inconsciente para siempre. Y el agua, fue dos veces agua y aunque no había nacido ni presenciado las nubes todavía, el mundo de lo líquido caracterizó mi manera de habitarme y sentirme. Muchas veces, conforme pasan los años, pienso que mi alma habita de por siempre en esa travesía. Que esa laguna Estigia apresó mi espíritu, sin posibilidad de escapar, ni olvidar los fluidos primordiales. Como una sirena ondina cuando se adentra en el suelo o en la tierra adentro; la maldición de lo acuático o del espíritu neptuniano siempre le perseguirá. De ahí la sensación de residir sobre un abismo, una persona sin patria ni tierra, un ser de nubes algodonadas y profundidades submarinas.

Nací en lo delicado, sensible, tierno y fui desterrado o confinado como quien no se quiere, en la más absoluta soledad. Pues los campos de Peyrelebade en Médoc donde la llanura y los viñedos se extienden hasta el infinito fueron los lienzos donde se dibujara mi infancia.

Bajo esa misteriosa y triste luz soñé y crecí al cuidado de una nodriza y de mi bonachón tío de ojos tremendamente azules…


Una casa solitaria, tierras abandonadas rodeadas de viñedos…

“El océano cubría antaño espacios desiertos. Se está tan solo”

“Incluso en el aire se ha acumulado una gran reserva del alma humana,
 llena de días y de tiempo.

Como un espíritu de las cosas, incluso de leyenda”

A pesar de la enorme tristeza que invadía mi alma llegué a amar en lo profundo este lugar, como paisaje idílico y deleitoso durante el resto de mi vida.


Se me calificará de mente sombría o taciturna, pero reconozco que me quede ahí en ese lugar y que años después aún continuó pasando las horas tendido en el suelo, con los ojos cerrados, en rincones desiertos del campo, mirando sin ver, el pasar las nubes, siguiendo con placer infinito, los resplandores mágicos de sus fugaces cambios…

Ese carácter imaginativo y dado al ensueño retrasó mi llegada a la madurez como hombre. Pues opuesto a cualquier manifestación de la brutalidad o la firmeza de carácter; era yo delicado, sensible y espiritual dado a cualquier tipo de manifestación aromática.




Los Ojos Cerrados

“El arte es una flor que eclosiona libremente, fuera de toda regla. Altera singularmente, me parece a mí el análisis, al microscopio de esos sabios y esteticistas que tratan de explicarlo”


“Solo siento las sombras, los relieves visibles, sin duda. Todo contorno es una abstracción”


Allí pasé los primeros once años de mi existencia, abandonado a mi mismo, pues carecí de amistad o de estudio; paseando y presenciando el paso de las nubes bajo el cielo…
El artista viene a la vida por una misteriosa necesidad. Nace desnudo sobre el paisaje. Sin que madre alguna le haya preparado los pañales. Y en cuanto entregase, joven o viejo la rara flor de la originalidad que es y debe de ser única. El perfume de esta flor desconocida tenderá las mentes y hará que todo el mundo se aparte. De ahí el alejamiento fatal, incluso trágico del artista.


- Una vez me dijo Richard Wagner. -Le contó Paul Gauguin en abril de 1891 a punto de partir….

“Yo creo que los discípulos del gran arte serán glorificados y que envueltos en un celeste tejido, de rayos de luz, perfumes y acordes. Melodiosos regresarán para fundirse eternamente en el seno de la divina fuente de toda armonía”

- Así pues mí querido Redón; seguro que volveremos a vernos. - Decía esto el ilustre pintor mientras zarpaba por última vez rumbo a su paraíso Tahitiano.





2 comentarios:

  1. Ante tanta sensibilidad, sinceridad y delicadeza de un artista, poco más se puede decir. El agua, con la que tan vinculado de sentía, es el símbolo de las emociones, de los sentiminetos, de la creatividad... y sus pinturas están llenas de sensibilidad, y de un color que parece tener luz propia.

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  2. ¡Hola!
    Casi todo puede ser medido, y aun el alma... Siente, ese camino.

    Saludos de J.M. Ojeda

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