martes, 22 de marzo de 2011

El Sueño de Martín Ramírez



"La pintura es materia encantada"

Apollinaire




La imperiosa necesidad creativa de Martín Ramírez le empujaba a diario, como cualquier madrugada de 1940; a incorporarse de forma cautelosa y reservada, a recorrer en la oscuridad los largos pasillos del hospital DeWitt en Auburn, sede del condado de Placer County en California.
Hacía mucho que se habían apagado las luces del pabellón, allá sobre las ocho de la noche, pero el impulso transformador del genio hace imposible un descanso o tregua alguna. Se trata de una fuerza vital que nace bien sabe de donde, es invisible, decía Antonio Blay.

Energía naciente de una fuerza primaria que nos conecta con eso que los orientales llaman prajna, que en palabras del Dalai Lama: “Esa esencia indestructible es la energía de la gran alegría; se extiende por todos lados, como el espacio; es el cuerpo de la no permanencia…”


El caso, dejándome de misticismos orientales, es que Don Martín Ramírez hurgaba entre la basura, buscando papeles, trozos de cartón, cartulina, impresos… un soporte digno para poder expresar, comunicar, huir, escapar… y ese acto que tanto me recuerda a los últimos días de Odilon Redón, donde suplicaba por los mercados de frutas parisinos por un poco de papel de embalaje con que dar testimonio de su poderosa expresión.


...Una vez gestionado el material, (Memorandos, sobres, cartas, vasos de papel aplanados, hojas de revistas, periódicos, libros…) pegaba los trozos que conformaría la obra con una goma o adhesivo que el mismo elaboraba y que según se cuenta se componía esta de patatas, migas de pan, avena... todo ello mezclado con saliva o mocos del autor.


Obviamente todo cuanto cayera en sus manos se convertía en material digno, pues en el Hospital DeWitt no existían demasiadas posibilidades creadoras y el poco material aportado por el mismo, se mantenía en las dependencias de la ceramista Marie DeShene; encargada del área ocupacional del hospital.


Un espectáculo en la madrugada, sin duda, el presenciar la imperiosa necesidad de Don Martín por dibujar, trazar, crear, establecer.

Sobrevivir al silencio, a ese vacío que marca la ausencia de disputa, confrontación, discurso o platica verbal, como diría Baudelaire; “Lo imprevisible convertido en necesidad”

Sobre los materiales o tintas diré que los montaba con lo que le venía de paso; algunas acuarelas, lápices de colores, tintes de zapatos y jugo extraído de alguna fruta… Concluyendo todo ello en una pasta grasienta a la que añadía avena.


De los pinceles; pues que los confeccionaba imaginativamente, transformando asombrosamente los palillos de fósforos usados.


Dada las grandes dimensiones de su obra trabajaba directamente sobre el suelo, en cuclillas, en la posición usual que adoptan los hombres de campo mexicanos mientras conversan o sencillamente se echan un cigarrillo. De vez en cuando y para poder apreciar en lejana perspectiva su obra, se subía sobre una mesa y desde allí observaba la evolución del trabajo.


Durante el día nos contaron que se fabricaba un refugio bajo las mesas para huir o mantener un espacio creador necesario, alejado de sus convecinos y delirantes acompañantes.

La originalidad de su técnica, su brutal capacidad productora y lo misterioso de todo lo que envolvía el asunto atrajo el interés del personal del hospital. Doctores y enfermeros almorzaban en el pabellón con la única intención de poder verlo trabajar.


La fama de Don Martín Ramírez cruzó la frontera del hospital, la noticia del misterioso pintor mudo llegó hasta los profesores y estudiantes de la Universidad de Arte de Sacramento. Y muchos artistas quedaron impresionados por el espectáculo que Ramírez ofrecía, por la manera que empastaba sus dibujos, por lo limitado de sus materiales, por el clima de demencia que envolvía la realidad, de todo cuanto le rodeaba, por el concierto creativo que ofrecía un demente anónimo, un habitante de una tierra de nadie.

 


¿En que mundo habitaba Don Martín Ramírez? ¿Hacia dónde llevaban sus túneles?

¿Una frontera?  

Si, pero...

¿Hacia donde?





Termino hoy con palabras de Antonio Blay:



"Energía para mantener el contacto con el SER siempre…"





1 comentario:

  1. Disculpa que hoy no te lea, pero deseaba decirte que me acuerdo de ti, ya me retiro a descansar. Volveré
    Gracias
    Con ternura

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