jueves, 27 de enero de 2011

Geshe Tamding Gyatso, el Rayo de Luz




"No sé si realmente estoy beneficiando a la gente, no sé si la gente está recibiendo algo de mí, pero por mi parte mientras esté bien de salud pasaré mi vida así."




Gueshe Tamding Gyatso nació en la provincia de Kham (Tibet), en 1927. Estudió en el gran monasterio de Ganden. Fué monje desde los once años de edad. En 1976 en el exilió pudo completar sus estudios monásticos consiguiendo el titulo de Geshe Larampa.


Fue autor de varios libros publicados por la editorial amara; Senda de Luz, El Yoga del Guru, La Dama del Espacio, La rueda de las armas afiladas…


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Conocí a Geshe-la en 1989, cuando en un día cualquiera en el aeropuerto de Sevilla me topé de frente con este curioso monje. Recuerdo que fue como si una descarga eléctrica me atravesara de parte a parte. Se me quedó mirando y me pasó su bastón para que le ayudase.


Desde ese momento una profusa inquietud llenó de curiosidad mi alma. Esperé a que volviese al sur y recuerdo que progresivamente me fue envolviendo en su telar rojo y azafrán, era un ser tremendamente enigmático, sus ropas desgastadas, su mirada atemporal; dándome la sensación de un Shamán de estos que se cuentan en los libros de Castaneda. Por entonces tenía yo los 27 años de edad, era joven, con unas ganas tremendas de devorar la vida y todo cuanto se pusiese por delante. Me hice su discípulo, bebí de su fuente, aprendí el arte de dibujar mandalas, la meditación, el ser mejor persona, tantra, mantras y que se yo que más cosas. De eso hace ya bastante tiempo.


Geshe-la fue un hombre singular, un ser extraño en un mundo insólito. Puede que no estuviésemos a su altura. Si, muchas veces pienso que no estábamos a su altura, la neurosis colectiva nos roía por dentro. Y esto era el devenir de un centro budista o de Dharma en este país.


Los finales siempre son tristes, unas veces porque se termina algo que no deseamos que suceda (la mayoría de las veces) y otras porque ese final nos da con las puertas en las narices. Con la posibilidad del cambio, de reconvertir por nosotros mismos lo que nos fue dado. Y eso da mucho coraje, el que se termine todo sin posibilidad de enmienda.


Y pienso que los sucesos que han marcado a uno es mejor describirlos desde una lejanía larga, cuando ya no queda la emoción que aprieta la garganta. Los sucesos que le suceden a uno y dejan huella, conviene relatarlos, escribirlos, darles de alguna u otra manera forma. Porque siempre traen limpieza, porque purifican llevándose la escoria, las malas impresiones.


Geshe-la fue un ser único, que mientras estuvo en mi vida me iluminó como una lámpara de cristal limpio, y hay tan solo quiero honrar su recuerdo; para eso están definidas estas páginas para sanar trozos de mi historia, para encontrar cuanto de bueno hay en la tierra, mi tierra.


Geshe Tamding Gyatso fue un ser hermoso, mágico, sin igual, sin límites. Un padre proyectado sin duda. Un magnifico humano que mantuvo su vida alrededor de cuanto creía que era meritorio, por eso no se le puede achacar nada, tan solo de vez en cuando rescatar su esencia, su compañía. Hubo situaciones que no compartimos, dudas, recelos, todo lo que conlleva el contacto y la confrontación. Por entonces yo no entendía que ese era el juego, que en eso consiste el juego de la humanidad. Quien piense que se puede vivir envuelto en una paz eterna es y será un desdichado inadaptado. Pero eso se sabe ahora que han pasado muchos años y ya no se puede dar marcha atrás.

Se marchó; partió y la vida continuo pasando. Dejó su cuerpo, puede que haya vuelto a la vida según cuentan las enseñanzas tibetanas. Girando la rueda eterna del Sansara, enseñando acompañando; mostrando por siempre que hay otra vida digna de ser sentida.

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