lunes, 3 de enero de 2011

El Dalai Lama y Los Reyes Magos de Oriente




Un Oasís de Sabiduría


Digo Oasis concientemente, a sabiendas que la traducción de su nombre es la palabra “Océano. Es un oasis para este mundo, es un oasis para mí, que cada vez que me llega representada su imagen o naturaleza supone un bálsamo que me otorga el sosiego. Descanso ante el volumen de anuncios, de noticias nocivas y perniciosas que me desbordan. Un bálsamo ante la barbarie, la ferocidad que constantemente resulta de cualquier rincón del planeta.

Seres como él son necesarios para el aliento, para el mejor vivir; ejemplos vivos de que es posible ser consecuente, vivir de otra manera, activamente comprometidos; sin abandonar la ética y una integridad intachable. Bien les vendría a nuestros políticos, por no ampliar la frontera, en seguir sus pasos. En oír con mayúsculas lo limpio de su mensaje, de su valor, arrojo o valentía. Proclamando sin temor alguno cuanto sale de su boca y estando en ello; con actividad, con toda el alma, con todo el organismo.

Varias veces en mi vida he compartido su presencia; inolvidable en Barcelona, aquellos diez días en el Palau Sant Jordi, y confieso sin miedo al ridículo que en momentos delicados recurro a la imagen sencilla de este monje vestido de azafrán, que me llega como salido de un lugar apartado o secreto del universo. Accesible para todos inaccesible para muchos. ¡Que contrariedad!

Pasa esta navidad, termina el año 2010 en plena barbarie. Ahora llega el tiempo de los Reyes Magos, la parte que más me gusta de toda esta promovedora festividad. Me quedo con los Reyes Magos de Oriente, con mis ilusiones y mis fantasías en pleno conocimiento de ello. Me quedo con la esperanza de abrir los ojos y poder ver, muy de vez en cuando personas como él, que me alumbren y que me iluminen en periodos de sequía. Me quedo con las cuevas de retiro, con las humildes habitaciones de los monjes que rezan, me quedo con las chabolas, con los que duermen debajo de los puentes, me quedo con lo tremendamente humilde y sencillo; en estos instantes.

Gracias sincero monje Tenzin Gyatso que un día huiste obligado de un palacio esplendoroso como el Potala y hoy duermes en cualquier lugar del mundo, gracias por haberme acompañado en este año que se pasa.

Hoy más que nunca hay que continuar despertando, trabajando.

Ofertando una ilusión y una esperanza.










Es lo que se me ocurre.


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